TALLERES

sábado, 10 de julio de 2010

curso de cuento en Cádiz

¡Hola amigos!
He estado esta semana de curso en la universidad de Cádiz, se llamaba taller de escritura e ilustración de cuentos. Aún no tengo claro si el curso era de cuentos o si era un cuento de curso...
Lo que sí tengo claro es que el grupo ha sido magnífico y que los compañeros tenían ganas de compartir ejercicios , experiencias y risas. Por eso quiero darles las gracias desde aquí a todos-todas, sin excepción.
Os invito a disfrutar con el blog de un compañero, y no lo dejeis para mañana porque será breve!



Aparte me gustaría también recordar a José Saramago con un texto que escribió mi padre, por si alguien aún no sabía qué es lo que corre por mis venas.


                                                 Referido a José Saramago.







Mantengo/Sostengo, como sostenía Pereira, que cuando, referido a José Saramago, contamos a nuestros alumnos la historia del su abuelo Jerónimo, aquél que metía en su cama a los lechones para que no murieran en las heladas noches de invierno de Azinhaga, que hacía girar las estrellas cuando acostado junto a su nieto bajo la higuera, narraba historias y leyendas y que, cuando sintió cercana la muerte, se despidió uno a uno de los árboles de su huerto abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver. Estos alumnos, después de escuchar este relato, en cuanto tienen la ocasión: una excursión al campo, una visita al parque,…terminan todos abrazados a un árbol.





De esto pueden dar fe los compañeros de profesión que estén presentes y lo hayan practicado. Si no lo habéis hecho, a todos: maestros, profesores, padres, abuelos os animo a realizarlo. Os animo a que recordéis y homenajeéis a Saramago relatando la historia del su abuelo Jerónimo y gozaréis del placer de ver a personas y árboles abrazados con la fuerza de la vida.





Quizás leer su obra pueda ser un buen homenaje a un escritor ausente. Acaso recordarle en medio de coronas de flores y discursos sea la norma. Yo propongo seguir creando ilusión y compromiso como ellos lo hicieron y tal vez no sea mala idea comenzar donde terminó el abuelo Jerónimo, abrazando a los árboles.


Juan Morillo Lora. 1 de julio de 2010.